domingo, 17 de junio de 2012

Una aproximación a Benjamin y su interés para la teoría literaria


Por María Eva Baez

Walter Benjamin y su análisis materialista de la producción literaria resultan de un gran interés para la teoría literaria en la medida en que no se limita a analizar las obras en sí mismas, es decir los productos literarios, sino que llama a la reflexión de los autores sobre su propio lugar en el proceso de producción de la literatura, los medios y formas de esta producción y las transformaciones que debe operar el intelectual que opta por ponerse al servicio del proletariado en su lucha revolucionaria contra la burguesía.
En su texto “El autor como productor”(1) Benjamin reconoce que ya se ha cuestionado la autonomía del autor: la “libertad para escribir lo que quiera”. El escritor burgués recreativo trabaja siempre en razón de determinados intereses de clase, aun sin admitirlo. Podemos clarificar esta afirmación apelando a Terry Eagleton, quien en su trabajo “Una introducción a la teoría literaria” sostiene que en las diferencias individuales de opinión subyace un firme consenso de valoraciones inconscientes que se relacionan estrechamente con las ideologías sociales (2). En el escritor progresista tampoco hay autonomía, ya que sobre la base de la lucha de clases decide orientar su actividad al servicio del proletariado, es decir que persigue una tendencia.
Sin embargo, Benjamin plantea que es un error considerar por separado la tendencia política progresista de la calidad literaria de las obras, ya que este abordaje no da cuenta de la profunda interconexión de estos dos elementos. Para una correcta crítica literaria política, se debe incorporar el concepto de tendencia literaria. Para esto es necesario superar la contraposición entre forma y contenido y abordar en forma dialéctica la obra literaria no sólo en relación con su contexto social sino en relación con las condiciones de producción literaria de la época, es decir, en relación con la técnica literaria.
El autor que no reconoce su propio lugar en el proceso de la producción literaria, corre el riesgo de apropiarse del aparato burgués de producción sin modificar sus formas e instrumentos y mantener la sujeción de la literatura a las condiciones de producción literaria de la clase dominante. El contenido político de una obra literaria no significa por sí mismo que tal obra sea revolucionaria, en la medida en que no cuestiona, por ejemplo, quién produce la literatura, al servicio de qué intereses la produce, bajo qué condiciones sociales la produce, quiénes acceden al consumo de esta literatura, etcétera. Es un error que el autor se considere a sí mismo como alguien ajeno al proceso de producción literaria y pretenda librar una lucha revolucionaria contra la burguesía en el terreno del espíritu, sin cuestionar las bases materiales de producción de literatura. El pensamiento privado no resulta decisivo políticamente. En general, esta tendencia responde a intelectuales proletarizados de origen burgués. El intelectual se sitúa por fuera de la lucha de clases y su solidaridad con el proletariado está basada en una simpatía ocasional que lo ubica como un mecenas ideológico. Este lugar es imposible, en tanto que el intelectual posee un medio de producción que le ha brindado la clase burguesa, a saber: la educación, que constituye un privilegio respecto del proletariado, y por lo tanto crea lazos de solidaridad mutua entre el intelectual y la clase dominante.
La burguesía incorpora y asimila con relativa facilidad el “contenido político” progresista de las obras literarias si éstas no ponen en cuestión sus bases materiales de producción. Se transforman así en objetos de consumo la miseria, la explotación capitalista e inclusive la misma lucha revolucionaria, con lo cual las obras dejan de ser un instrumento para la lucha política contra la burguesía y un imperativo para la decisión a favor de la lucha revolucionaria de la clase obrera, para convertirse en tema de contemplación y artículo de consumo de las capas burguesas. Por lo tanto, el intelectual revolucionario ante todo aparece como un traidor a su clase de origen (Aragon), cuya “traición” no debe consistir únicamente en la denuncia o actividad destructiva hacia la clase capitalista, sino también en revolucionar su propio trabajo. Su tendencia política debe corresponderse con una correcta tendencia literaria, que incluye la calidad literaria de sus obras.
Para que el autor como productor pueda encontrar su lugar en la lucha de clases deberá posicionarse respecto del proceso de producción y modificar sus formas e instrumentos. Brecht acuña para ello el concepto de transformación funcional.
El progreso técnico, para el autor se ubica a sí mismo como productor, es la base de su progreso político. Benjamin afirma que existe un proceso de refundición de las formas literarias en el que muchas antiguas contraposiciones en las que estamos habituados a pensar dentro de la literatura pierden su vigor al calor de los importantes progresos técnicos. Por ejemplo, la contraposición entre escritor y poeta, entre investigador y divulgador e inclusive entre autor y lector o bien actor y espectador, en el caso de la obra dramática. Para ilustrar cómo se puede dar tal transformación funcional, recurre a dos ejemplos: el del teatro épico de Bertolt Brecht y el de la prensa en la Rusia posrevolucionaria.
Brecht se niega a utilizar un aparato de producción (el aparato escénico) consagrado por la clase dominante. Este aparato se ha convertido en un medio no de los productores, sino contra los productores, en la medida en que busca llevar a los dramaturgos a una competencia sin salida con el cine y la radio recurriendo a efectos cada vez más complejos para construir sus acciones, que buscan estimular a la capa social burguesa destinataria. Brecht recurre entonces a los elementos esenciales del teatro e intenta modificar las contraposiciones consagradas entre escena y público, texto y puesta en escena, director y actores. Incorpora del cine y la radio el procedimiento del montaje, que consiste en montar una interrupción de la acción dramática. Su finalidad no es tanto desarrollar acciones (que operan como una ilusión sobre el público) como exponer situaciones por medio de esta interrupción deliberada, de forma que el espectador se ve obligado a tomar una postura frente al suceso dramático y a que el actor la tome respecto de su papel. De esta forma, obliga a la reflexión de actores, espectadores y del propio dramaturgo respecto de su lugar en el proceso de producción de la obra dramática.
En la Rusia soviética, la distinción entre autor y público que la prensa burguesa mantenía en forma convencional va extinguiéndose para incorporar como colaboradores de prensa a los mismos lectores, sobre la base de una creciente competencia literaria para las amplias masas de la población con el acceso a la cultura, que bajo el capitalismo es patrimonio de una elite especializada. Cabe suponer que bajo estas condiciones existe un trastocamiento de las formas de producción literaria, generando múltiples transformaciones en los contenidos, el público, los medios de producción y la misma reflexión sobre el trabajo literario y su relación con los objetivos socialistas.
En ambos casos, los productos del autor tienen una función organizadora. Es decisivo el carácter modelo de esta producción, que además de tener una tendencia política instruye también a otros productores, pone a su disposición un aparato mejorado de producción y lleva a los consumidores (lectores o espectadores) al proceso de producción, transformándolos en colaboradores. El autor como productor toma conciencia de su función y comprende que su solidaridad con el proletariado únicamente puede ser mediada, actuando como un ingeniero que transforma el aparato de producción al servicio de la revolución proletaria. Mientras más oriente su actividad a esa tarea, más correcta será su tendencia y más elevada su calidad técnica. A la vez, será menos susceptible de considerar que debe librar una lucha revolucionaria en el terreno del espíritu y comprenderá que ésta únicamente se juega e el terreno de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado. Para terminar, podemos ver un ejemplo de conciencia del autor como productor en el poema de Vladimir Maiakovski “El poeta es un obrero”:
El poeta es un obrero
Se le ladra al poeta:
«¡Quisiera verte con un torno!
¿Qué, versos?
¿Esas pamplinas?
¡Y cuando llaman al trabajo, te haces el sordo!»
Sin embargo
es posible que nadie
ponga tanto ahínco en la tarea
como nosotros.
Yo mismo soy una fábrica.
Y si bien me faltan chimeneas,
esto quiere decir
que más coraje me cuesta serlo.
Sé muy bien
que no gustáis de frases vacías.
Cuando aserráis la madera, es para hacer leños.
Pero nosotros
qué somos sino ebanistas
que trabajan el leño de la cabeza humana.
Por supuesto
que pescar es cosa respetable.
Echar las redes.
¿Quién sabe? ¡Tal vez un esturión!
Pero el trabajo del poeta es más beneficioso:
la pesca de hombres vivos, esto es lo mejor.
Enorme, ardiente es el trabajo en los altos hornos,
donde se forma el hierro chisporroteante.
¿Pero quién
se atrevería a llamarnos holgazanes?
Nosotros bruñimos las mentes con áspera lengua.
¿Quién es más aquí?
¿El poeta o el técnico
que procura a los hombres
tantas ventajas prácticas?
Los dos.
Los corazones son también motores.
El alma es también fuerza motriz.
Somos iguales.
Camaradas de la clase trabajadora.
Proletarios del cuerpo y del espíritu.
Solamente unidos
solamente juntos podremos engalanar el universo,
acelerar el ritmo de su marcha.
ante una oleada de palabras, levantemos un dique.
¡Manos a la obra!
¡Al trabajo, nuevo y vivo!
Y a los que discursean
que se les mande al molino.
¡Para que el agua de sus discursos haga girar sus aspas! 

NOTAS
(1)   Benjamin, Walter. “El autor como productor”. En: Tentativas sobre Brecht.
(2)   Eagleton, Terry. “Introducción: ¿qué es la literatura?”. En: Una introducción a la teoría literaria

domingo, 3 de junio de 2012

DESALOJO y REPRESIÓN a las FAMILIAS SIN TECHO de PALMIRA (Mendoza)


VIVIENDAS PARA EL PUEBLO TRABAJADOR

Bienvenidos a la “Tierra del sol”, ese que curte los rostros de quienes cosechan el “buen vino”, esos rostros de inmigrantes del norte y nativos a los que les pesan las condiciones de semi esclavitud, esos rostros son los desterrados de Palmira. Trabajan “al día” cosechando los frutos de la tierra y elaborando el vino que cotizara en bolsas, cocinando los ladrillos para los barrios country y pavimentando caminos para los autos importados de los hacendados. Es que la fotografía de Mendoza es desigual y combinada, la agroindustria se sustenta bajo la forma más antigua de explotación del hombre, esa “minería humana” llamada esclavitud, que contamina la sangre y la depreda con total impunidad.

Mendoza es reconocida mundialmente por la exportación de vinos y ajo, pero lo que se oculta detrás de actividad es la sistemática discriminación hacia la comunidad boliviana y norteña por parte de los medios de comunicación y políticos burgueses. A la represión policial se le suma las pésimas condiciones de trabajo y la falta de viviendas dignas. Pero la respuesta a esta realidad se encuentra en el propio sistema en el que “vivimos”, el Capitalismo, que priva al hombre y la mujer que trabajan la tierra y genera sus ganancias, de tener el derecho a un lote, a un lugar donde construir su propia casa, un lugar donde proteger a sus familias de los duros veranos e inviernos.

Durante la campaña electoral “Paco” Pérez prometió 12mil viviendas que aún no se ven por ningún lado. Según los índices oficiales en nuestra provincia hay 150mil familias sin viviendas, 30mil viven en villas o asentamientos bajo ranchos o casillas, mientras que los barrios privados se han incrementado en un 50%. Los alquileres en las zonas rurales son de $700 para quienes trabajan “al día” en fincas o galpones de empaque, con sueldos de $1500. Como vemos el derecho a la vivienda digna no existe en la argentina de los “derechos humanos”, para quienes lo reclamen no hay mejor respuesta que la represión. Las imágenes del Este mendocino recordaron a las de Villa Soldati donde la policía metropolitana de Macri y la federal de Cristina arremetieron a “plomo caliente” contra los sin techo, logrando como saldo de 3 muertos, casualmente trabajadores inmigrantes.

Desde la Juventud del PTS en el CeProDH nos acercamos el día viernes hasta Gral. San Martín para acompañar a las familias obreras que fueron brutalmente desalojadas el día jueves 31 de mayo en la localidad de Palmira, por la policía de Mendoza, después de 2 meses de ocupar un predio donde pretendían levantar su humildes viviendas. 200 familias fueron dejadas en la calle (teniendo que dormir en la noche en casas de familiares, plazas o galpones donde trabajan) luego de que 500 policías, entre los que se encontraba el grupo especial GES, un pelotón de infantería, la compañía de canes, la motorizada y hasta un helicóptero diera paso a las topadoras de la municipalidad para que arrasaron con todo. El intendente híper kirchnerista Omar Giménez, amigo personal del gobernador Paco Pérez, felicito al personal policial por la “ejemplar actuación” durante el desalojo, vaya forma de enarbolar la causa “nacional y popular”
Los terrenos ocupados, que se encontraban abandonados desde hacia 50 años.

El desalojo y la represión es una más de las tantas medidas reaccionarias del Estado a la necesidad de cientos de familias trabajadoras. La Xenofobia expresada por los medios de comunicación y los vecinos fachos se denotó en pedidos de deportación a los inmigrantes bolivianos, a sabiendas de las condiciones de precarización y pobreza de los países lindantes con el territorio argentino. Buscar una salida de fondo es por lo que luchamos desde CeProDH, porque justamente creemos que la clase obrera es una sola y sin fronteras, donde la nacionalidad no hace mella sino todo lo contrario, debe  servirnos para demostrar que somos solidarios con todos los trabajadores sin ningún tipo de límites territoriales. Es menester lograr la lucha unificada entre Palmira, San Roque, Santa Blanca, Beltrán, Rodeo del medio, etc para hacer eco de estas voces de lucha.
Plan de viviendas bajo control de los trabajadores, financiado con impuestos progresivos a los grandes empresarios y terratenientes y el no pago de la deuda externa
Urbanización inmediata de todas las villas y asentamientos de acuerdo a un plan elaborado con los pobladores
Salario mínimo equivalente al costo de la canasta familiar, indexado de acuerdo a la inflación. Los alquileres no deben representar más del 20% del salario mínimo
No a los desalojos
Reforma urbana sobre la base de la expropiación de las grandes propiedades en manos de la Iglesia, los grandes grupos inmobiliarios y la banca para asegurar techo a quien no lo tiene.

Ulises Joyce y Carlos Espeche (miembros del CeProDH UNCuyo y militantes de la Juventud del PTS Mendoza)


martes, 8 de mayo de 2012

La “expropiación” de YPF y la independencia política de los trabajadores


Por Eva Baez
El giro a derecha del gobierno después del 54% no podía pasar sin contradicciones entre  lo que expresaba el voto al “nunca menos” y los ataques, directos o indirectos, a las condiciones de vida de los trabajadores y a su propia organización sindical o política que vinieron detrás de la bandera de la “sintonía fina” de CFK. La serie de crisis políticas que se abrieron con el espionaje del Proyecto X y la Ley Antiterrorista, el escándalo de la causa Boudou , la masacre de Once, el avance de la megaminería, empezaron a enturbiar la imagen de un gobierno que no sólo se inició, sino que se fortaleció en las últimas elecciones con una agenda/discurso “progresista”. Detrás de la iniciativa gubernamental sobre YPF, está, por un lado, la necesidad de responder a la crisis energética y el desabastecimiento que causó el saqueo petrolero (del cual el kirchnerismo fue cómplice y garante), pero también, por otro lado, mantener el respaldo popular que conquistó mediante determinadas concesiones y un discurso de centroizquierda. Trotsky decía, a propósito de la nacionalización del petróleo de Cárdenas en México: “En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al prole­tariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno gira entre el capital extran­jero y el nacional, entre la relativamente débil burgue­sía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capitalismo extran­jero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el prole­tariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ga­nando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política [del gobierno mexicano] se ubica en la segunda alternativa; sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y de las com­pañías petroleras.” (León Trotsky, “La industria nacionalizada y la administración obrera”). Pese a que Cárdenas fue mucho más lejos en sus concesiones (fueron expropiadas 17 empresas petroleras sin indemnización) la medida de CFK expresa la necesidad de “arbitrar” entre las empresas imperialistas y la base social de su gobierno, como también, por derecha, la expresa la “sintonía fina” de ajuste y topes salariales, y la represión a todas las luchas sociales que se dan “en los bordes” del modelo.
Esta medida también tiene el objetivo de neutralizar todo lo posible a la oposición: por derecha, el PRO o el peronismo disidente fue la minoría votando en contra en Diputados, el radicalismo la apoyó, la CC votó dividida y del lado del progresismo no kirchnerista (FAP, Proyecto Sur) la ley se apoyó con “reservas” (¿no sólo las del Banco Central?). ¿Cuál debe ser la posición de la izquierda revolucionaria? ¿Y cómo la llevamos adelante?

¿Se puede expropiar YPF? “Utopía” y “realidad”

El impacto de la masacre de Once y las 51 vidas que se cobró de un solo golpe el gran negocio de la privatización del transporte, pusieron en debate, sin que fuese la intención del kirchnerismo, el problema de la nacionalización del transporte, por el vaciamiento y la desidia de las empresas privadas, y de su gestión bajo los trabajadores, por la complicidad del Estado. Las consecuencias de la desinversión de Repsol pusieron en aprietos al gobierno que se vio obligado a tener algún tipo de control sobre una parte (una pequeña parte) del petróleo argentino, siempre en el marco de la posible asociación con otros capitales privados manteniendo la estructura de Sociedad Anónima de YPF. Entonces, frente a la crisis capitalista, se actualiza el programa de los revolucionarios (trotskistas): Hay que expropiar el 100% del petróleo y el gas de las manos de las empresas imperialistas y ponerla bajo el control de los trabajadores, como planteamos desde el Frente de Izquierda en la campaña de 2011. Atrás queda el argumento de que la izquierda plantea cosas “imposibles”, “utópicas”. Es posible, y más que posible, es necesario: solamente es un problema de voluntad política. ¿Pero va a ser este gobierno, que fue cómplice de las privatizaciones de los ´90, y garantizó los negocios millonarios de las petroleras durante 8 años, el que nacionalice definitivamente el total del petróleo y el gas para dar paso a una verdadera soberanía energética? ¿Y es este gobierno el que va a destinar los recursos estratégicos a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo? Esperar una salida de fondo del gobierno kirchnerista, sí resulta completamente utópico.

Es lo que hay

Más o menos abiertamente, sectores de la izquierda que han denunciado correctamente la trampa de la “estatización”, y que (aunque no se reivindican trotskistas) reconocen la necesidad de expropiar el 100% bajo el control de los trabajadores, le dan lugar a la maniobra típica del kirchnerismo para envolver a la izquierda dentro del régimen: “es conmigo, o con la derecha, es lo que hay, o algo mucho peor” (que en este caso no se trata de Menem o Macri, sino de la política del mismo kirchnerismo durante 8 años). Estas posiciones van desde el “apoyo crítico” hasta una suerte de “acuerdo técnico” donde, previo saludo a la bandera de pronunciarnos por la expropiación del 100% del petróleo y el gas (incluso presentando nuestro propio proyecto), los revolucionarios tendríamos que votar a favor del proyecto gubernamental, para evitar ese “algo mucho peor” que sería mantener YPF en manos de Repsol, como quisiera la debilitada oposición patronal. Y votar por el sí a la indemnización de los pulpos imperialistas, ¿no es algo “mucho peor”? Esta posición se ajusta perfectamente al “cambiar algo para que nada cambie” que hay detrás de la iniciativa del gobierno, por lo que podemos suponer que al kirchnerismo no le harían mucha mella tales denuncias formales. Al contrario, ¡qué muestra de fortaleza daría si desde Menem, pasando por el progresismo sojero, hasta la izquierda revolucionaria saludaran esta iniciativa “nacional y popular”!
¿Por qué razón, sectores de la izquierda que en 2011 no integraron el Frente de Izquierda y de los Trabajadores que derrotó la proscripción del kirchnerismo, despreciando la tribuna electoral (izquierdismo o enfermedad infantil del comunismo para Lenin), ahora quisieran hacer semejante “debut” parlamentario? Podemos inferir que, además de reconocer como correcto el programa del FIT, también reconocen como correcta la voluntad de “dialogar con las masas”. Solamente faltaría articular estos dos aspectos.

Por qué diálogo de masas no es igual a oportunismo

¿En qué se basa la simpatía popular que conquistó la estatización del 51% de YPF? En el odio al saqueo de Repsol y de todas las empresas imperialistas petroleras que dejaron un tendal de desocupados en el país (recordemos que son precisamente los trabajadores petroleros desocupados los que inician el movimiento piquetero en la provincia de Neuquén, aquellos “fogoneros” que dieron el Cutralcazo donde fue asesinada Teresa Rodríguez). El apoyo a la medida no es igual a un “cheque en blanco” al kirchnerismo, sino a una aspiración de soberanía sobre nuestros recursos. Los revolucionarios no podemos votar una indemnización para los que nos saquearon durante décadas: al que hay que indemnizar es al pueblo trabajador que sufrió las consecuencias de la privatización menemista, de la cual los Kirchner fueron cómplices. Los trabajadores, que fuimos los verdaderos saqueados por las multinacionales petroleras, somos los que podemos dar una salida de fondo: hay que avanzar en la expropiación del 100% de Repsol y del total del petróleo  y el gas para solucionar la crisis energética y el desabastecimiento y en un plan de obras públicas que permita a todas las familias en situación de precariedad acceder a los recursos elementales de vivienda digna, gas natural, agua corriente, etc. Solamente bajo gestión de los trabajadores podemos llevarlo adelante. ¿Acaso esta posición no conquistaría mucha más simpatía entre las masas? ¿Y no es inconfundible e incompatible con los proyectos del gobierno y la oposición patronal? Si levantamos una política correcta, “la participación en un parlamento democrático-burgués, lejos de perjudicar al proletariado revolucionario, le permite demostrar más fácilmente a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita la “supresión política” del parlamentarismo burgués” (Lenin). Es decir, permite combatir la confianza en la democracia burguesa y mostrar que la salida pude venir únicamente de un gobierno de los trabajadores .

Esta posición independiente de los bandos patronales es la que levantamos desde el Frente de Izquierda y su bancada obrera, apostando a que llegue a miles de trabajadores, y también peleamos por esta política en el movimiento obrero como expresamos en el acto del Día del Trabajador en la Plaza de Mayo, que tuvo como oradores a los principales referentes antiburocráticos y clasistas del país. “Seguir la lucha de los mártires de Chicago para mí es un orgullo”, “debemos politizarnos, prepararnos para desarrollar una alternativa política, prepararnos para hacer la revolución”, “este acto nos da fuerzas para saber que pertenecemos a una tradición de luchas obreras” son algunas de las voces que se escucharon este 1° de Mayo y que desde el PTS apostamos a multiplicar con todas nuestras fuerzas.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Apuntes sobre "Manuscritos de los desterrados"


Por Jazmín Jimenez

En los últimos años comenzamos a observar la decadencia del neoliberalismo y con él la de sus ideologías y teorías posmodernas, que con respecto a la sociedad proclamaron el fin de la historia, el ya no mas de las revoluciones, la no existencia de un sujeto revolucionario… y en el terreno del arte una visión autosuficiente en donde supuestamente, este, nada tiene que ver con el mundo real y con la vida. Walter Benjamin con la aparición de la industria cultural, explicaba que “La índole original del ensamblamiento de la obra de arte en el contexto de la tradición (griegos) encontró su expresión en el culto. Las obras artísticas más antiguas sabemos que surgieron al servicio de un ritual primero mágico, luego religioso… el valor único de la auténtica obra artística se funda en el ritual en el que tuvo su primer y original valor útil… Al irrumpir el primer medio de reproducción de veras revolucionario, a saber la fotografía, el arte sintió la proximidad de la crisis y reaccionó con la teoría de “l´artpourl´art”, esto es con la teología del arte. De ella procedió ulteriormente ni más ni menos que una teología negativa en figura de la idea de un “arte puro” que rechaza no sólo cualquier función social, sino además toda determinación por medio de un contenido objetual… por primera vez en la historia universal, la reproductiblidad técnica emancipa a la obra artística de su existencia parasitaria en un ritual… en el mismo instante en que la norma de la autenticidad fracasa en la producción artística, se trastorna la función íntegra del arte. En lugar de su fundamentación en un ritual aparece su fundamentación en una praxis distinta, a saber en la política.[1]

Hoy cuando vemos como nuevas generaciones, en todo el mundo desde el Magreb hasta Europa, desde Estados Unidos hasta Chile retoman las ideas de generaciones anteriores, particularmente de aquella que durante fines de los 60 y principios de los 70 protagonizó el Mayo Francés, se movilizó contra la guerra de Vietnam, quiso construir un hombre nuevo a raíz de la Revolución Cubana, marchó codo a codo con los trabajadores en el Cordobazo, puso en pié Cordones Industriales en Chile. Una generación que quiso eliminar la explotación del hombre por el hombre y que la imaginación llegase al poder poniendo en pie un sistema de abundancia material, de nuevas relaciones honestas y profundas entre los hombres que permitiese el libre desarrollo del arte y la cultura. Hoy una nueva generación en distintas partes del mundo retoma esas banderas que tienden a  

“Volver antes de que el olvido
pueda llevarse con su ventarrón
miradas, nombres,
pequeños sucesos que entibiaron
y regresar para afirmar
que todo aquello
tuvo sentido de botella al mar
que llega a ser leída en otra orilla.”[2]

Nosotros encontramos en otra orilla del tiempo esa botella tirada al mar, y tal como aquellos jóvenes de apenas dos décadas de vida nos proponemos trastocar las bases del mundo para hacerlos inmortales. Nuestra fuerza proviene de ese/a muchacho/a que

“A esta hora tenías veinte años
y la densidad de toda tu tierra
era brasa de un roquerío
donde las olas de otro modo
esculpían la canción,
letra y música de quienes
son pedernales en la memoria…
…A esta hora eras inmortal
ante lo cobarde, lo criminal,
el innombrable signo devastador,
lo desesperado, la locura,
el mandato de lo perdido.”[3]

Muchas veces a lo largo de la historia quisieron imponer el discurso del arte por el arte, encerrado en una torre de marfil por fuera del mundanal ruido de la sociedad. Frente a cada convulsión social resurge la discusión sobre el rol del artista. Trotsky en medio de la Revolución Rusa escribía que  “Tratar de que el arte se libere de la vida, proclamarlo técnica autosuficiente, es desvitalizarlo y matarlo. La necesidad misma de una operación semejante es un síntoma inconfundible de decadencia intelectual.” Y manifestaba que el arte no puede ser indiferente a las convulsiones de su época. Son los hombres y mujeres los que preparan los acontecimientos, los que los realizan, y los acontecimientos a su vez actúan sobre los hombres y los cambian. Y el arte refleja, de forma directa o indirecta, la vida de los hombres que realizan o viven los acontecimientos. Si la naturaleza, el amor o la amistad no estuvieran ligados al espíritu social de una época, la poesía lírica habría dejado de existir hace mucho tiempo.[4]

“La palabra debe sorprender,
alborotar, escarbar, machetear.
Así la dormidera se despeña
y la voluntad saborea fogatas
en los dominios claros de lo humano,
persiguiendo la aventura de ser calandria.”[5]

Los que cada día vivimos en función de dar vuelta las bases de la sociedad queremos a nuestro lado poetas que, como Nora, tengan la habilidad para pintar con sus palabras profundamente la realidad social. En su libro encontramos versos con el ritmo necesario para expresar los sentimientos, los pensamientos, los estados de animo, los puntos de vista y las esperanzas de nuestra época, les da resonancia, amplifica el volumen del pensamiento gracias a la acumulación de una experiencia que trasciende la escala personal. Nora encontró el material de su creación artística en su medio social y transmite los nuevos impulsos de la vida a través de su propia conciencia artística, sabe

“Cómo encontrar las palabras
que puedan darle aire puro
a toda esta historia
de emociones y horizonte.”[6]

La mayoría de los artistas en los períodos de “paz”, explicaba Trotsky, dibujan la vida tal cual la encuentran, coloreando su actitud respecto a ella con una especie de lirismo. Consideran sus bases como inmutables y no la abordan con más espíritu crítico que el que manifiestan ante el sistema solar. Este conservadurismo pasivo constituye el eje invisible de la obra de muchos de ellos[7]. Y si bien, como escribía Lenin, “vivir en una sociedad y no depender de ella es imposible. La libertad del escritor burgués, del artista, de la actriz, no es más que una dependencia disfrazada, dependencia respecto al corruptor y respecto al empresario. Y nosotros, socialistas, desenmascaramos esta hipocresía, arrancamos las falsas etiquetas no para obtener una libertad y un arte fuera de las clases (esto es sólo posible en la sociedad socialista sin clases) sino para oponer a una literatura pretendidamente libre, y de hecho ligada a la burguesía, una literatura realmente libre, abiertamente ligada al proletariado”.[8] Y en estos tiempos junto con los oprimidos…

“Debemos alentar la relojería
que acerca al tiempo de los partos,
al volcán de absoluta creación
y provocar vivificantes nidadas,
brújulas que rastreen desobediencias
cuando descuartizan condenas.”[9]

Las viejas vanguardias artísticas llamaron a unir arte y vida, sacaron el arte de los museos y lo llevaron a las calles, buscaron empalmar con los cambios sociales y políticos que vivían y a la vez revolucionar también el arte innovando en las formas. Nora es una poeta de barricada, es una poeta que sin perder el lirismo en sus versos logra reflejar la realidad de los oprimidos de su época, lleva su poesía a las calles, a los cortes, a la exigencia de justicia por todos aquellos jóvenes de su generación desaparecidos y amplifica en sus letras las ideas que ellos enarbolaron. Benjamin decía que la clase obrera debe alimentarse de los antecesores esclavizados más aun que del ideal de los descendientes liberados... Y siguiendo con él podemos decir que: Existe, en los poemas de Nora,  una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra.[10] Ya que como ella escribe…

“No perdimos los pájaros, no,
en los bastidores de las calles, de los barrios,
la rebeldía con herrumbre de tango
fue vértice de quienes evocaron la presencia
tantas veces espantada por los prepotentes,
la presencia de aquellos otros pájaros.
Otra vez treinta mil perfiles rejuvenecieron,
allí lúcidas y dolientes lealtades
recobraron las crines de la razón
y a ellas se sujetaron
empuñando al firmamento.
No perdimos los pájaros, no,
ellos están silbando en los matorrales
de la memoria.”[11]

A principio de siglo, frente a la Primera Guerra Mundial los dadaístas escribían en su manifiesto que su arte era una insurrección contra “un mundo dejado en manos de unos bandidos que desgarran y destruyen los siglos”[12]. Tzara decía que para toda aquella generación que “sufrió en carne propia de la adolescencia pura y abierta a la vida, viendo alrededor de ella la verdad pisoteada, vestida con los oropeles de la vanidad o la bajeza de los intereses de clase, aquella guerra no fue la nuestra”[13]. Lo que caracterizó a aquellos jóvenes fue su deseo de vivir todas las posibilidades de una realidad de la cual hasta ese momento sólo habían visto el lodo de las trincheras. Su común denominador, decía Bejamin Peret, será aquella sed de lo maravilloso, un maravilloso que “está por doquier, siempre, en todos los instantes. (Lo maravilloso) es, tendría que ser, la vida misma, siempre que no se transforme deliberadamente esta vida en algo sórdido como se ingenia en hacerlo esta sociedad con su escuela, su religión, sus tribunales, sus guerras, sus ocupaciones y liberaciones, sus campos de concentración y su horrible miseria material e intelectual”[14].

“Tal vez por ello
la escritura requiera
descifrar el filo de lo inenarrable
para inventar
desde el faro tutelar del corazón,
aquello que es porfía
desde los orígenes
de esa otra voz imprevisible,
que acecha,
oxida,
imanta
y extravía,
que es propia
en el oráculo cotidiano
de nuestra sangre
y es de todos.”[15]

Desde los futuristas hasta las surrealistas se identificaron con su época e intentaron marcarla con sus obras y sus vidas. Quisieron bajar a la poesía de su torre de marfil, ligarla a la vez con el conocimiento y con la acción, rehusaron la seguridad de los sistemas preestablecidos. Buscaban una profunda liberación del espíritu. Alzaban la imaginación y el inconformismo contra el imperio de la religión y la moral burguesa. André Breton en el manifiesto surrealista escribía “Únicamente la palabra libertad tiene el poder de exaltarme. Me parece justo y bueno mantener indefinidamente este viejo fanatismo humano. Sin duda alguna, se basa en mi única aspiración legítima. Pese a tantas y tantas desgracias como hemos heredado, es preciso reconocer que se nos ha legado una libertad espiritual suma. A nosotros corresponde utilizarla sabiamente. Reducir la imaginación a la esclavitud, cuando a pesar de todo quedará esclavizada en virtud de aquello que con grosero criterio se denomina felicidad, es despojar a cuanto uno encuentra en lo más hondo de sí mismo del derecho a la suprema justicia. Tan sólo la imaginación me permite llegar a saber lo que puede llegar a ser, y esto basta para mitigar un poco su terrible condena; y esto basta también para que me abandone a ella, sin miedo al engaño (como si pudiéramos engañarnos todavía más)...[16] Por ello nosotros

“Huiremos en un globo aerostático
hacia la nodriza del valor
y el obsequio de su calma nos mudará el plumaje.
Nuestro ánimo dejará caer las bolsas de la quietud.
Una pensativa fragancia de libertad
extraviará al hastío de no volar.”[17]

En el camino de liberar a la humanidad de todo tipo de opresión y explotación, queremos una poesía que sea a la vez un martillo, que trasforme, tanto como un espejo que refleje las contradicciones y las luchas de la época. Nosotras como mujeres que aspiramos a una sociedad socialista

“Parimos agujeros
así como relámpagos
para propiciar revoluciones.”[18]

y como Trotsky dijo frente a la muerte de el gran poeta Sergio Esenin “La revolución, ante todo, conquistará en dura lucha para cada individuo no sólo el derecho al pan sino también el derecho a la poesía.”[19]


Jazmín Jimenez


[1] BENJAMÍN, Walter, “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”.
[2] BRUCCOLERI, Nora “Volver” en “Manuscrito de los desterrados”.
[3] BRUCCOLERI, Nora, “Con otro nombre” en op. cit.
[4] TROTSKY, Leon, “Literatura y revolución”.
[5] BRUCCOLERI, Nora, “La palabra” en op. cit.
[6] BRUCCOLERI, Nora, “Volver” en op. cit.
[7] TROTSKY, Leon, op.cit.
[8] LENIN, Ilich, “Obras Completas”.
[9] BRUCCOLERI Nora, “Brújulas” en op. cit.
[10] BENJAMÍN, Walter, “Tesis de Filosofía de la Historia”.
[11] BRUCCOLERI, Nora, “No perdimos los pájaros” en op. cit.
[12] TZARA, Tristan “Manifiesto Dadá”.
[13] TZARA, Tristan, “Le surréalisme et l’après-guerre” (Conferencia de marzo de 1947).
[14] PÉRET, Benjamin, “La parole est à Péret”.
[15] BRUCCOLERI, Nora “Nuestra letra” en Op. cit.
[16] BRETON, André, “Primer Manifiesto del Surrealismo”.
[17] BRUCCOLERI, Nora, “Extravío” en op. cit.
[18] BRUCCOLERI, Nora, “Mujeres mariposas” en op. cit.
[19] TROTSKY, León, “En Memoria de Sergio Esenin”.